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El convenio veterinario repara poco lo que la inflación rompió

La profesión veterinaria acumula pérdida de poder adquisitivo desde 2020. El nuevo acuerdo salarial llega tarde y con incrementos que no recuperan el terreno perdido.

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La Organización Colegial Veterinaria (OCV) ha expresado su valoración crítica del III Convenio Colectivo de Centros y Servicios Veterinarios: reconoce avances en la negociación, pero sostiene que los incrementos salariales no restauran la capacidad adquisitiva que la profesión ha perdido desde 2020. No es una objeción al esfuerzo negociador, sino un diagnóstico sobre la insuficiencia de lo alcanzado.

El trasfondo es estructural. La inflación acumulada en cuatro años erosionó los salarios veterinarios más allá de lo que suele ocurrir en otras profesiones reguladas. Aunque las cifras exactas del nuevo convenio no constan en la comunicación de la OCV, el argumento central es que los incrementos no cierran la brecha entre lo que los veterinarios ganaban entonces y lo que necesitan ahora para mantener el mismo nivel de vida.

💡 La clave

Un aumento salarial puede ser real pero aún insuficiente si llega después de años de pérdida de poder adquisitivo. El convenio repara, pero no compensa.

🔍 Por qué la brecha importa a la clínica

Cuando se habla de salarios en medicina veterinaria, la conversación suele quedarse en cifras mensuales. Pero la OCV plantea una cuestión más profunda: la capacidad real de los profesionales para vivir, mantener una clínica o planificar inversiones en su formación continua. Un veterinario que ganaba 1.800 euros en 2020 y ahora cobra 1.950 ha subido de salario nominalmente. Si la inflación acumulada fue del 20 por ciento, sin embargo, su poder de compra real ha caído.

Esto tiene consecuencias que van más allá del malestar profesional. Una profesión con salarios real mente erosionados tiende a perder atracción para nuevas generaciones, reduce la capacidad de inversión en equipamiento de diagnóstico y puede contribuir a la precariedad laboral en clínicas privadas. La OCV no pide lo imposible: reclama que los aumentos cierren la brecha acumulada, no solo que la detengan. Eso es lo que no hace este convenio.

La Organización Colegial Veterinaria (OCV) ha emitido un comunicado crítico sobre el III Convenio Colectivo de Centros y Servicios Veterinarios que acaba de ratificarse. Su posición no niega los avances logrados en la negociación, pero sostiene una tesis incómoda: la subida salarial incorporada no compensa la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde 2020.

Esta afirmación merece atención porque no es un rechazo visceral al acuerdo, sino un diagnóstico sobre su insuficiencia estructural. La OCV reconoce el esfuerzo de los agentes sociales, pero advierte que se ha desperdiciado una oportunidad para corregir uno de los problemas más graves de la profesión: el deterioro salarial real de los veterinarios.

Para entender qué significa esto en la práctica, es necesario distinguir entre lo que el convenio promete nominalmente y lo que el empleado veterinario recupera realmente en términos de capacidad de compra. Es la diferencia entre un número en el contrato y lo que ese número vale cuando llega a la farmacia o al supermercado.

💡 La clave

Un convenio puede elevar salarios nominales y aun así dejar a los trabajadores peor que hace cuatro años si la inflación acumulada ha sido mayor que la subida acordada. Ese es el nudo del argumento de la OCV.

Desde 2020, España ha experimentado un ciclo inflacionista significativo, especialmente entre 2021 y 2023. Los salarios que no han seguido ese ritmo han perdido poder adquisitivo real, aunque figuren en papel como más altos. Es un efecto que los trabajadores veterinarios conocen bien: cobran nominalmente más, pero pueden comprar menos.

La OCV apunta que este nuevo convenio, aunque incluye mejoras, no cierra esa brecha acumulada. No es una crítica al acuerdo en sí, sino al hecho de que ha faltado una ambición mayor: la de usar esta negociación para recuperar terreno perdido y restaurar condiciones comparables a las de hace varios años.

📊 Qué significa esto para quienes cuidamos animales

A primera vista, un convenio veterinario puede parecer un asunto interno de negociación laboral. Pero tiene consecuencias indirectas para el responsable del animal. Un sector laboral con problemas de retención de talento y baja satisfacción salarial tiende a perder profesionales hacia otras áreas o hacia el extranjero, lo que puede afectar a la disponibilidad, experiencia y calidad del servicio veterinario local.

Además, un convenio que no resuelve el deterioro salarial real mantiene la presión sobre la profesión veterinaria. Esos profesionales que atienden emergencias, detectan enfermedades en etapas tempranas o prescriben tratamientos preventivos (como dietas específicas según el estado del animal) lo hacen en un contexto de insatisfacción económica creciente. No es una excusa, es una realidad que influye en el clima profesional.

El tercer elemento es menos tangible pero importante: un sector veterinario con salarios deteriorados es un sector que puede verse obligado a tomar decisiones comerciales (presionar más al cliente, reducir tiempo de consulta, aumentar precios) que responden a necesidad, no a mejora del servicio. Eso afecta al equilibrio entre sostenibilidad económica y atención de calidad.

  • Presión sobre la retención de talento: Sin recuperar poder adquisitivo, es más probable que veterinarios jóvenes busquen salidas profesionales en otros países o sectores, reduciendo oferta disponible.
  • Degradación del clima laboral: El deterioro salarial real genera desmotivación acumulativa, que a largo plazo impacta la calidad relacional y la disponibilidad profesional.
  • Dinámicas de precios y servicios: Un sector presionado económicamente tiende a instrumentalizar más el precio como variable de supervivencia, lo que puede trasladarse al bolsillo del propietario.

⚖️ La postura de Julia

La OCV tiene razón en su diagnóstico: un convenio puede ser un avance en términos relativos y aun así insuficiente en términos absolutos. La inflación acumulada desde 2020 no desaparece porque se haya alcanzado un acuerdo; solo se reconoce o no. Este convenio reconoce parte del problema, pero deja abierta una deuda real con los veterinarios que trabajan en centros y servicios. No es un fracaso de la negociación, pero sí una oportunidad perdida de reparación estructural. Para el responsable del animal, el mensaje es indirecto pero importante: vigilar la salud del ecosistema veterinario es parte de vigilar la salud de su mascota.

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Redactado por Julia, especialista en bienestar animal de maskotichi. · Basado en información de Animal's Health.

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